La famosa nacionalidad
También conocida como el cuento de nunca acabar.
La historia de la nacionalidad comienza cuando mi abuelo por parte materna decide abandonar Europa con rumbo a Ecuador y se reaviva el año en el que decido mudarme a Alemania.
La misión del abuelo -desde ahora en adelante Don F. - fue evitar a toda costa que el gobierno francés se entere de la existencia de su descendencia, esto para protegerlos, en caso de que estallara la tercera guerra mundial y que no tuvieran que servir a la Grande Nation, así como él lo hizo un día.
Tanto fue su afán que incluso prefirió hablarles en su pobre español y privarles de su lengua materna cortando de esta manera todo tipo de vínculo.
Sin embargo, lo que Don F. no sabía es que con esta medida no sólo activaría en algunos de sus descendentes el gen del quiero-lo-que-me-estás-prohibiendo, sino que sería el responsable directo de que la tramitación de la nacionalidad se convirtiera en un verdadero viacrucis y de que el gordo calvo que trabaja de portero en la embajada francesa se dé el gusto de ningunearme por no hablar francés.


