Recordar
El otro día en la tele:
La historia de una mujer que padece de amnesia a causa de una meningitis sufrida en el año 2000. O en otras palabras: un virus acabó con su disco duro. ¿Cómo que acabó? Así. Acabó, acabó. No se pudo salvar ni una sola foto. Nada. La señora, cuando se recuperó de la enfermedad, se encontraba en la habitación de un hospital y no recordaba nada. Ni siquiera podía hablar. No sabía que esa sensación de vacío en su estómago se llamaba hambre, ni tampoco se acordaba de cómo saciarla. Era un bebé recién nacido en el cuerpo de una cuarentona. Poco a poco fue aprendiendo gracias a su esposo, su terapeuta y a los diarios que había escrito en el pasado, un poco de su vida. Lleva casi ocho años estudiando sus recuerdos. Incluso tuvo que aprender cómo se ve su cara en el espejo. Cuenta que durante mucho tiempo su esposo le enseñaba videos familiares y fotos recientes y ella pensaba, “mira que película tan bonita, que artista más simpática”. Ella no se reconocía como la protagonista…
Ahora dice que sabe ya más o menos quien fue. No ha logrado recordar nada, pero ha conseguido aprender la mayoría de las cosas excepto una: amar a su esposo. Dice que por más que intentó nunca pudo (volver a) sentir nada por él. Entre otras cosas porque no sabe cómo se siente el amor. Ni tampoco la tristeza, ni la soledad, ni la amargura. Cuenta que cuando su esposo le decía “te necesito” ella corría a escribir te (té) en la lista del mercado que había aprendido a hacer un par de semanas atrás.
Llevo días pensando en la mujer y en su (mala) suerte. Y me angustia la idea de que a uno le pueda pasar algo así. Sobre todo me preocupa que si tengo que aprender nuevamente a hablar, como ella, ¿aprenderé a hacerlo sólo en alemán? ¿Qué pasará con mi español? ¿Hablaré de repente alemán sin acento?
Por otro lado, me inquieta mucho que no haya vuelto a amar a su esposo. ¿No se supone que sentimos con el corazón? Yo incluso creía que para recordar necesitábamos de éste músculo. Un día, hace ya muchos años, mi profesora de castellano de los dos últimos cursos, inició una clase, (no estoy segura, pero creo que analizábamos La Tregua de Benedetti) diciendo que la palabra recuerdo, viene del latín recordaris, que significa volver a pasar (algo) por el corazón. Desde allí siempre que algún vestigio viene a mi mente, me imagino el largo recorrido que habrá tenido que hacer antes de que yo pueda recordarlo.
Pero aparentemente todo toma lugar en la cabeza. Tanto el amor como el odio.


