Alemania 1 Coracia 2 y otrás indignaciones…
(Primera Parte)
Un poco por falta de tiempo, un poco por evitar tocar ciertos temillas que me ponen a hervir la sangre.
Hoy he decidido comentar mi “indignación” del día de ayer al ver el pésimo rendimiento alemán frente a Croacia. Bueno, confieso que no me importó tanto que perdieran, fue la negligencia con la que se desenvolvían en la cancha lo que me hizo salir de mis casillas. Cualquiera que me lea en este momento y no me conozca pensará que soy la súper futbolera, sin embargo, tengo que admitir que ayer no me molestaba tanto el bajo rendimiento futbolístico, fue la incapacidad de las personas por no poder hacer las cosas como es debido, la que alteró mis nervios…
Aunque si decido ser realmente sincera, tengo que admitir que no me molestó ni que perdieran, ni que jugaran mal, el problema, el único problema es que estoy atravesando una fase de enervamiento agudo: todo me molesta, me fastidia, me revienta.
Todo. Por ejemplo el otro día estaba en el Aldi, viendo unas bicicletas en promoción. Se me acercó un hombre, mejor dicho un abuelito mientras yo leía atentamente las especificaciones de una bici roja de montaña y me dijo: “esa no es buena. Compra la negra” y me sonrió con cierto aire de complicidad. De repente, sentí como si alguien hubiera accionado el botón de la ira, ríos de sangre hirviendo me empezaron a subir a la cabeza, haciéndome perder la cortesía. Lo miré fijamente y le balbuceé algo parecido a: “no se meta, que le importa si compro la roja o la negra” y me fui. Cuando salí de la tienda, recuperé automáticamente la cordura y ya con la cabeza fría trataba de entender por qué me molestó tanto su comentario. Me sentía como el ser más aborrecible del planeta, así que volví al local e intenté encontrar al señor con ánimos de pedirle disculpas. Sin embargo, pudo más la vergüenza que sentía por mis recientes actos que mis aspiraciones por recuperar la nobleza. Preferí marcharme.
El problema de atravesar por rachas de ira no es sólo que con nuestra impulsividad seguramente estamos atentando contra los sentimientos de las personas que se nos cruzan por el camino, sino que una vez se nos ha pasado la histeria, nos (me) sentimos (siento) tan culpable, tan basura, tan excremento de la humanidad, que decido ahogarme en mi propio hedor…


