11 de septiembre

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 10:59 pm on Jueves, Septiembre 11, 2008

Hace 7 años se cayeron las torres. Seguro que cada uno de nosotros puede acordarse exactamente lo que estaba haciendo el martes 11 de septiembre de 2001 a las 8:10 de la mañana, hora neoyorquina.
Yo hace 7 años estaba en Ecuador. Había ido de vacaciones a Quito. Con mi presupuesto estudiantil me compré un ticket de avión que se parecía más a un viaje con el lechero: Múnich-Düsseldorf-Newark-Bogota-Guayaquil-Quito. El buen observador habrá seguramente notado que una de las paradas era Estados Unidos, lo que para un tercermundista no sólo significa una serie de minuciosas inspecciones, preguntas capciosas, sutiles humillaciónes sino también una visa. Válida cabe recalcar. La mía se venció después de la llegada a Quito.300px-national_park_service_9-11_statue_of_liberty_and_wtc_fire.jpg
El 11 de septiembre de 2001 a las 5:00 de la mañana Miss Helen me despertó apurada, estábamos un poco tarde. Nos esperaba uno de los trámites más tenaces para un pilche ecuatoriano. Tenía que ir a renovar mi visa americana. Desde las 5:45 estuvimos en la fila de los que esperan entrar para ser atendidos. Por fin, después de 2 horas llegamos a la puerta y Miss Helen tuvo que salir “por que la niña ya es mayor de edad, tiene que entrrrarrr sola“. Así que Helen dicidó esperar en el auto, mientras yo entré a las dos manzanas de territorio estadounidense en Quito, a rogar que me alargen el permiso de poder humildemente pisar el suelo gringo. Después pasó lo que todos conocemos. Miss Helen estaba sentada en el auto escuchando a Diego Oquendo cuando se enteró de la tragedia. En pocos minutos empezó a ver como patrulleros se dirigían al edificio de la embajada, cercándolo e impidiendo la entrada o salida de cualquier individuo. En la radio se hicieron las primeras insinuaciones de un ataque terrorista y Helen casi se hizo pipí sólo de pensar que su hija estaba adentro.

Yo por mi parte, no sabía lo que sucedía. No nos decían lo que pasaba, sólo nos aislaron en diferentes grupos y nos llevaron a diferentes habitaciones, donde esperamos por lo menos una hora. Después nos pidieron que evacuemos el edificio. Al salir me enteré que se habían caído las torres gemelas. Corrí al auto. A Miss Helen le volvió el alma al cuerpo. Me subí y fuimos a comprar unos sanduches de Don Soto para desayunarlos después frente al noticiero…

No hace falta mencionar que ese día no nos despejamos de la televisión. Tampoco que a Miss Helen le invadió el espíritu fatalista y trató (hasta el momento en el que me embarqué en el avión de regreso) de convencerme que no me vaya a Múnich, que ya no tenía sentido salir de Ecuador, de estudiar, de continuar haciendo mi vida.
“Este es el comienzo de la tercera guerra mundial. Para qué te vas. En unos meses, cuando en Europa se estén matando unos a otros, en Asia hayan estallado las bombas atómicas, vas a estar intentando volver a Ecuador, como todos los otros millones de desplazados, víctimas de guerra estarán tratando de salir del viejo continente. Mejor no te vayas.” Gracias a Dios no le hice caso. Gracias a Dios no heredó el gen premonitorio de la bruja (con todo el respeto) de mi abuela. Sino, en este momento, 7 años después, no estaría escribiendo este blog, desde mi casa, frente a la tele, viendo por séptimo año consecutivo las mismas imágenes, esta vez desde la perspectiva de la teoría de que todo fue un autoatentado. Sino, hoy no hubiera tenido el orgullo de compartir mesa en el Biergarten con 9 alemanes hablando de que ya sólo faltan pocos días para el Oktober Fest, ni de ver como a las mujeres que estaban presentes en la mesa, se les chorreaba la baba viendo al perro cajetas de la mesa de alado, mientras yo me preguntaba por milésima vez por qué los alemanes tratan a un perro como si fuera un niño. O mejor dicho por qué tratan a los niños como si fueran cualquier perro.

Si Helen hubiera heredado las habilidades nostradamusquescas de su madre, hoy el mundo sería muy diferente y ella y todos nosotros, no sólo YA nos habríamos hecho  pipí del miedo, sino también caquita, pedito y todas las otras demás formas de expresión anal existentes.
(Gracias aDios por que hay paz.) (Y a Bin Laden por saberse esconder.)

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