Grasófilos

Archivado en: fanesca — mentilicia at 3:54 pm on Lunes, Octubre 20, 2008

Me acabo de devorar un chocolate. 226 Kcal. en menos de 30 segundos. Según el empaque, el 11% de lo que un adulto debería consumir diariamente. No sé cuándo empecé a contar cuántas calorías como, ni cuántas calorías pierdo. (Supongo que cuando empecé a sentir su peso). Lo único que sé, es que el esfuerzo y la satisfacción, al perderlas y al ganarlas, son inversamente proporcionales. Por ejemplo, uno tiene que torturarse 15 minutos en una máquina para quemar el chocolate que nos atragantamos en 30 segundos. La vida es injusta, qué más da.

Recuerdo todavía cuando en mis tiempos de esbeltez, una persona non grata me dijo que la mujer a partir de los 20 empieza a engordarse y que ni siquiera me preocupe por tratar de evitarlo, por que en mi caso, la genética ya me había echado la suerte. ¡Bruja!, pensé. Lamentablemente en todo el sentido de la palabra. Y es que lo que se hereda no se hurta: ni las caderas grandes, ni el metabolismo lento ni el incondicional amor por la buena comida. El paladar francés.

No es sorprendente entonces que mis recuerdos de la niñez giren alrededor de las sobremesas, ni que lo que más extrañe de Ecuador sean las distintas variaciones en las que se prepara y sirve el delicioso chancho, ni que ahora esté yendo (¡voluntariamente!) 3 días a la semana al gimnasio, porque en diciembre pasaré 21 días en Estados Unidos y ya tengo lista la lista con los restaurantes que visitaré. ¡Sufrir previamente para poder comer tranquila!

¿Pero es que acaso hay algo más placentero en esta vida que el postre después de la cena? ¿O algo más doloroso y patético que un régimen alimenticio? Cada mañana cuando en el metro me encuentro rodeada por mujeres cuerpos de chupetes, no puedo evitar preguntarme qué sentido tendrán sus vidas (si es que tuviesen alguno). ¿Qué les motiva a levantarse en la mañana sino es el croissant de chocolate del desayuno? ¿Qué les ayuda a sobrevivir el bajón de los meses de otoño sino es la cercanía del pavo navideño? ¿Por qué razón en su vida se les ocurriría viajar a México sino sería por los tacos y las quesadillas?

Lo peor de pertenecer a esta marginada y perseguida minoría es que somos fieles practicantes de la sabiduría popular de que Dios los cría y el pollo asado los junta ,por lo que tendemos inconcientemente a rodearnos de personas dotadas de buen(os) diente(s). Sin darnos cuenta, nuestra vida social se reduce a la invitación a comer en la casa de fulanita, el café (con torta) en la tarde con las amigas, y cuando la idea de organizar Das Perfekte Dinner entre nuestro propio círculo de amigos, ha dejado de ser un simple comentario de sobremesa, es por que no hay más marcha atrás… vamos en (buen) camino.

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6 comentarios »

Comentario por Isabel

Octubre 20, 2008 @ 4:24 pm

No puedo estar más de acuerdo. El placer de comer supera cualquier sentimiento negativo, salvo en el caso de las que la vida gira en torno a una zanahoria. Y no es que no me guste la zanahoria, es que me gusta en sopa, como entrante de una comida compuesta de muuuuuchos otros manjares. Pero en fin, no sé si es la mejor actitud, pero para mí comer es un placer no una obligación. Incluso cuando veo que mis partes traseras piden cada vez una talla más: así tengo excusa para renovar el armario…

Comentario por carolina

Octubre 20, 2008 @ 4:50 pm

Ja, ja, ja… como comprenderás, en mi estado actual no me queda otra que reirme de o con tu texto….
Apúntame a tu minoría del buen diente, aunque yo no me siento especialmente marginada ni perseguida. No sé, será que ya he perdido la vergüenza… Y sobre las chicas chupachups del metro… solo tienes que verle la cara de espárragas que tienen para darte cuenta de que felices felices no son. La 36 de Zara les quedará estupenda pero.. a qué precio?? Que a una le entran ganas de decirles: anda, vente conmigo a casa que te voy a poner unas lentejitas con chorizo que se te van a rizar las pestañas…
En fin… que el tema da para mucho, es verdad. Pero vamos a dejarnos de tonterías y dime cuando nos vemos, que tenemos al pato del thai medio olvidado…

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Octubre 23, 2008 @ 10:36 pm

[…] sorprendente entonces que mis recuerdos de la niñez giren al rededor de las sobremesas […] [Menta Fresca, acceso: […]

Comentario por mentilicia

Octubre 24, 2008 @ 1:04 pm

al rededor -> reemplazado por alrededor :)

Comentario por Estella del Sur

Octubre 31, 2008 @ 3:26 pm

jajajaja.como olvidar el clásico chancho de carnaval, o el rico pernil de navidad con el fabuloso pavo de fin de año, jejejejeje que lindos tiempos aquellos.
Nostalgia, nostalgia, pero creo que este año lo vamos a poder hacer realidad, por lo menos con el pavito, porque para el chancho o el pernil hace falta las manos de mama Mercedes.
je, je, je creo que los kilitos de mas lo tenemos todos, pero que rico es comer hasta que te duela la pancita¡¡¡¡¡

Comentario por Betsabè

Noviembre 6, 2008 @ 8:53 pm

Si que se anda sufriendo viendo a las delgaditas con sus ropas muy monas pero tambièn seguro que enviadiaràn a nosostras las mas llenitas porque comemos todo de lo que ellas se privan, que delicia es la comida y mas el compartirla con la gente que uno ama.

Saludos desde Mèxico!!

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