Ni de aquí, ni de allá

Archivado en: bio — mentilicia at 9:39 am on Viernes, Octubre 10, 2008

Antes de vivir en un país con cuatro estaciones, tenía la osadía de afirmar que el otoño era la mejor época del año.
También me acuerdo como, cuando era tan ingenua para sostener eso, un día un amigo que vivía al otro lado del hemisferio, me escribió un mail, contándome entre otras cosas, que se había acabado el verano, y “aquí ya todos estamos con la depresión de octubre…” Me reí. Depresión de octubre, ja. (ja ja ja ja).

<Wetterempfindlich> El alemán, preciso como él sólo, tiene entre su infinito repertorio un adejtivo muy adecuado para anticipar la crisis existencial que cualquier mortal atravieza (si es que el otoño le ha sabido coger desprevenido) desde finales de septiembre a más tardar comienzos de diciembre (cuando el ánimo vuelve al cuerpo con los olores navideños) que podría libremente traducirse como “sensible a los cambios de estación”.

Un día como todos los anteriores uno se depierta y la vida ha perdido su sentido. El trabajo es insufrible. Las relaciones personales se enfrían. Un vacío inmenso le empieza a carcomer a uno las entrañas dejándonos huecos, secos, frágiles. “¿Qué hago aquí?” me pregunto, hasta que pocos días después, como todos los años, llega una carta de la seguridad social, invitándome a participar en alguna actividad recreativa que me ayude a contrarrestar la influencia del clima en mi sique, recordándome que el otoño es el causante de todos mis males, que no es eterno y que en pocas semanas todo habrá vuelto a la normalidad. Espero.

Y mientras tanto, aprovecho el estado permanente de añoranza para seguir metiendo el dedo en la llaga y escucho radio ecuatoriana (via intenet en el trabajo), agudizando la crisis india-maría que padecemos todos los exiliados, emigrados, huídos o echados más tarde o más temprano. Aunque octubre sea por lo general el mes por excelencia.

11 de septiembre

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 10:59 pm on Jueves, Septiembre 11, 2008

Hace 7 años se cayeron las torres. Seguro que cada uno de nosotros puede acordarse exactamente lo que estaba haciendo el martes 11 de septiembre de 2001 a las 8:10 de la mañana, hora neoyorquina.
Yo hace 7 años estaba en Ecuador. Había ido de vacaciones a Quito. Con mi presupuesto estudiantil me compré un ticket de avión que se parecía más a un viaje con el lechero: Múnich-Düsseldorf-Newark-Bogota-Guayaquil-Quito. El buen observador habrá seguramente notado que una de las paradas era Estados Unidos, lo que para un tercermundista no sólo significa una serie de minuciosas inspecciones, preguntas capciosas, sutiles humillaciónes sino también una visa. Válida cabe recalcar. La mía se venció después de la llegada a Quito.300px-national_park_service_9-11_statue_of_liberty_and_wtc_fire.jpg
El 11 de septiembre de 2001 a las 5:00 de la mañana Miss Helen me despertó apurada, estábamos un poco tarde. Nos esperaba uno de los trámites más tenaces para un pilche ecuatoriano. Tenía que ir a renovar mi visa americana. Desde las 5:45 estuvimos en la fila de los que esperan entrar para ser atendidos. Por fin, después de 2 horas llegamos a la puerta y Miss Helen tuvo que salir “por que la niña ya es mayor de edad, tiene que entrrrarrr sola“. Así que Helen dicidó esperar en el auto, mientras yo entré a las dos manzanas de territorio estadounidense en Quito, a rogar que me alargen el permiso de poder humildemente pisar el suelo gringo. Después pasó lo que todos conocemos. Miss Helen estaba sentada en el auto escuchando a Diego Oquendo cuando se enteró de la tragedia. En pocos minutos empezó a ver como patrulleros se dirigían al edificio de la embajada, cercándolo e impidiendo la entrada o salida de cualquier individuo. En la radio se hicieron las primeras insinuaciones de un ataque terrorista y Helen casi se hizo pipí sólo de pensar que su hija estaba adentro.

Yo por mi parte, no sabía lo que sucedía. No nos decían lo que pasaba, sólo nos aislaron en diferentes grupos y nos llevaron a diferentes habitaciones, donde esperamos por lo menos una hora. Después nos pidieron que evacuemos el edificio. Al salir me enteré que se habían caído las torres gemelas. Corrí al auto. A Miss Helen le volvió el alma al cuerpo. Me subí y fuimos a comprar unos sanduches de Don Soto para desayunarlos después frente al noticiero…

No hace falta mencionar que ese día no nos despejamos de la televisión. Tampoco que a Miss Helen le invadió el espíritu fatalista y trató (hasta el momento en el que me embarqué en el avión de regreso) de convencerme que no me vaya a Múnich, que ya no tenía sentido salir de Ecuador, de estudiar, de continuar haciendo mi vida.
“Este es el comienzo de la tercera guerra mundial. Para qué te vas. En unos meses, cuando en Europa se estén matando unos a otros, en Asia hayan estallado las bombas atómicas, vas a estar intentando volver a Ecuador, como todos los otros millones de desplazados, víctimas de guerra estarán tratando de salir del viejo continente. Mejor no te vayas.” Gracias a Dios no le hice caso. Gracias a Dios no heredó el gen premonitorio de la bruja (con todo el respeto) de mi abuela. Sino, en este momento, 7 años después, no estaría escribiendo este blog, desde mi casa, frente a la tele, viendo por séptimo año consecutivo las mismas imágenes, esta vez desde la perspectiva de la teoría de que todo fue un autoatentado. Sino, hoy no hubiera tenido el orgullo de compartir mesa en el Biergarten con 9 alemanes hablando de que ya sólo faltan pocos días para el Oktober Fest, ni de ver como a las mujeres que estaban presentes en la mesa, se les chorreaba la baba viendo al perro cajetas de la mesa de alado, mientras yo me preguntaba por milésima vez por qué los alemanes tratan a un perro como si fuera un niño. O mejor dicho por qué tratan a los niños como si fueran cualquier perro.

Si Helen hubiera heredado las habilidades nostradamusquescas de su madre, hoy el mundo sería muy diferente y ella y todos nosotros, no sólo YA nos habríamos hecho  pipí del miedo, sino también caquita, pedito y todas las otras demás formas de expresión anal existentes.
(Gracias aDios por que hay paz.) (Y a Bin Laden por saberse esconder.)

Alemania 1 Coracia 2 y otrás indignaciones…

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 11:52 am on Viernes, Junio 13, 2008

(Primera Parte)

Hace algún tiempo que no escribo nada en el blog.

Un poco por falta de tiempo, un poco por evitar tocar ciertos temillas que me ponen a hervir la sangre.

Hoy he decidido comentar mi “indignación” del día de ayer al ver el pésimo rendimiento alemán frente a Croacia. Bueno, confieso que no me importó tanto que perdieran, fue la negligencia con la que se desenvolvían en la cancha lo que me hizo salir de mis casillas. Cualquiera que me lea en este momento y no me conozca pensará que soy la súper futbolera, sin embargo, tengo que admitir que ayer no me molestaba tanto el bajo rendimiento futbolístico, fue la incapacidad de las personas por no poder hacer las cosas como es debido, la que alteró mis nervios…

Aunque si decido ser realmente sincera, tengo que admitir que no me molestó ni que perdieran, ni que jugaran mal, el problema, el único problema es que estoy atravesando una fase de enervamiento agudo: todo me molesta, me fastidia, me revienta.

Todo. Por ejemplo el otro día estaba en el Aldi, viendo unas bicicletas en promoción. Se me acercó un hombre, mejor dicho un abuelito mientras yo leía atentamente las especificaciones de una bici roja de montaña y me dijo: “esa no es buena. Compra la negra” y me sonrió con cierto aire de complicidad. De repente, sentí como si alguien hubiera accionado el botón de la ira, ríos de sangre hirviendo me empezaron a subir a la cabeza, haciéndome perder la cortesía. Lo miré fijamente y le balbuceé algo parecido a: “no se meta, que le importa si compro la roja o la negra” y me fui. Cuando salí de la tienda, recuperé automáticamente la cordura y ya con la cabeza fría trataba de entender por qué me molestó tanto su comentario. Me sentía como el ser más aborrecible del planeta, así que volví al local e intenté encontrar al señor con ánimos de pedirle disculpas. Sin embargo, pudo más la vergüenza que sentía por mis recientes actos que mis aspiraciones por recuperar la nobleza. Preferí marcharme.

El problema de atravesar por rachas de ira no es sólo que con nuestra impulsividad seguramente estamos atentando contra los sentimientos de las personas que se nos cruzan por el camino, sino que una vez se nos ha pasado la histeria, nos (me) sentimos (siento) tan culpable, tan basura, tan excremento de la humanidad, que decido ahogarme en mi propio hedor…

Recordar

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 3:05 pm on Miércoles, Abril 23, 2008

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El otro día en la tele:
La historia de una mujer que padece de amnesia a causa de una meningitis sufrida en el año 2000. O en otras palabras: un virus acabó con su disco duro. ¿Cómo que acabó? Así. Acabó, acabó. No se pudo salvar ni una sola foto. Nada. La señora, cuando se recuperó de la enfermedad, se encontraba en la habitación de un hospital y no recordaba nada. Ni siquiera podía hablar. No sabía que esa sensación de vacío en su estómago se llamaba hambre, ni tampoco se acordaba de cómo saciarla. Era un bebé recién nacido en el cuerpo de una cuarentona. Poco a poco fue aprendiendo gracias a su esposo, su terapeuta y a los diarios que había escrito en el pasado, un poco de su vida. Lleva casi ocho años estudiando sus recuerdos. Incluso tuvo que aprender cómo se ve su cara en el espejo. Cuenta que durante mucho tiempo su esposo le enseñaba videos familiares y fotos recientes y ella pensaba, “mira que película tan bonita, que artista más simpática”. Ella no se reconocía como la protagonista…
Ahora dice que sabe ya más o menos quien fue. No ha logrado recordar nada, pero ha conseguido aprender la mayoría de las cosas excepto una: amar a su esposo. Dice que por más que intentó nunca pudo (volver a) sentir nada por él. Entre otras cosas porque no sabe cómo se siente el amor. Ni tampoco la tristeza, ni la soledad, ni la amargura. Cuenta que cuando su esposo le decía “te necesito” ella corría a escribir te (té) en la lista del mercado que había aprendido a hacer un par de semanas atrás.

Llevo días pensando en la mujer y en su (mala) suerte. Y me angustia la idea de que a uno le pueda pasar algo así. Sobre todo me preocupa que si tengo que aprender nuevamente a hablar, como ella, ¿aprenderé a hacerlo sólo en alemán? ¿Qué pasará con mi español? ¿Hablaré de repente alemán sin acento?
Por otro lado, me inquieta mucho que no haya vuelto a amar a su esposo. ¿No se supone que sentimos con el corazón? Yo incluso creía que para recordar necesitábamos de éste músculo. Un día, hace ya muchos años, mi profesora de castellano de los dos últimos cursos, inició una clase, (no estoy segura, pero creo que analizábamos La Tregua de Benedetti) diciendo que la palabra recuerdo, viene del latín recordaris, que significa volver a pasar (algo) por el corazón. Desde allí siempre que algún vestigio viene a mi mente, me imagino el largo recorrido que habrá tenido que hacer antes de que yo pueda recordarlo.
Pero aparentemente todo toma lugar en la cabeza. Tanto el amor como el odio.

Por la ventana

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 5:54 pm on Domingo, Abril 6, 2008

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Parece que fue ayer que me encontraba haciendo mi lista mental de propósitos para año nuevo, un día sentada en la única silla de mi casa, viendo a la pared palo de rosca, digo de rosa, que me heredó el Vormieter. Acababa de mudarme, no tenía más muebles, ni más ganas de desempacar mis tereques. Me senté, aproveché que se acercaba fin de año y empecé a pensar qué me propondré.
Después de las utopías al estilo, ser una mejor persona, volver a mi talla xs ;) y perfeccionar mi francés, empecé con las menos espectaculares, pero realizables.

Y al final, me quedé con un único propósito.

“Organizar mi libreta de direcciones del mail”.

Puede que les parezca banal e incluso irrelevante, sin embargo, es algo que no puedo seguir postergando.

Mi cuenta de mail la tengo desde hace exactamente 10 años, 6 meses y dieciséis días y desde entonces nunca me he tomado ni 5 minutos para actualizar mis contactos.

Pero la libreta, o mi cuenta de email en sí, es más que una simple colección de nombres, apodos y direcciones, es el disco duro portátil de mi memoria a largo plazo.

En ella se almacenan vestigios de relaciones interpersonales que se quedaron en medio camino, amistades de los que ya no son amigos, anécdotas, declaraciones de amor, declaraciones de odio, un sin fín de mensajes de bienvenida para validar mi nueva cuenta en alguna nueva página, fotos, enlances obsoletos a tarjetas de cumpleaños recibidas, etc, etc.

Hoy más motivada por el aburrimiento que por la necesidad de cumplirme lo propuesto, entré en mi cuenta de correo decidida a elimiar despiadadamente a todo contacto vetusto. Sin embargo en lugar de ello, empecé a usmear mis bandejas de entrada y de salida, a leer emails antigüos, a recordar.
Y mientras más lo hacía más nostalgia tenía de la vida que llevaba al momento en el que recibí o envié un determinado correo, hasta que me topaba con otro que me sacaba del embrujo de la idealización de lo que se ha perdido y me hacía entrar en razón…
Es curioso como tan sólo con pinchar en uno de los tantos, “hola!” que titulan cientos de mensajes, los vestigios, esos vestigios que creíamos perdidos y superados, no tardan en manifestarse, dejándonos muy claro que aunque latentes, están presentes y difícilmente se irán.. aunque tengamos el valor de vaciar el inbox…
A continución un fragmento desempolvado:
“Aquí te mando un par de sonetos para que los leas en tus tiempos de ocio (…) éste el LXII te lo escribo por que no me gusta todo sino la mitad:
Ay de mí, ay de nosotros bienamada,
sólo quisimos sólo amor, amarnos,
y entre tantos dolores se dispuso
sólo nosotros dos ser malheridos.
Quisimos el tú y yo para nosotros,
el tú del beso, el yo del pan secreto,
y así era todo eternamente simple,
hasta que el odio entro por la ventana…”

Pablo Neruda


 

Desde el congelador

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 3:12 pm on Jueves, Marzo 27, 2008

Jueves por la mañana, 2 grados, 4 horas de sueño, el cielo gris, en el trabajo. ¿Puede ser más deprimente? Sí.

Un colega alemán que tiene un nombre escandinavo que más bien parece turco, y que es un fiel apasionado de la cultura ibérica, me pregunta, mientras se quitaba los auriculares de su iPod: ¿Alejandra conoces a Alejandro…? No acababa de decir su nombre y a mí, la melancolía ya me estaba invadiendo, abriéndose paso por cada uno de los recuerdos que he dejado a la intemperie… y me pregunto si lo amééééé, ¿Lo ves?

Por supuesto no a este colega. Y en realidad a ningún otro espécimen masculino. Simplemente, que el mero nombramiento de Alejandro (Sanz), en el marco de este cuadro deprimente que adorna un día que se supone debería ser
P R I M A V E R A
, me pone en ánimo de querer cortarme las venas, lanzarme a las rieles del tranvía, en fin de infundirme cualquier tipo de dolor voluntariamente, para olvidarme del triste panorama.

Es 27 de marzo, primera semana de primavera en esta parte del hemisferio, y el pronóstico del tiempo… (suspiro) es más desolador que el futuro del Tíbet. Aunque se rumorea, que para el fin de semana la temperatura va a subir a 15 grados, soleado. Ver para creer. Yo por mi parte, estaré preparada -Bikini en mano*- para cualquier eventualidad;)

Recuerdos del señor solSin embargo, mientras escribo esto me doy cuenta de lo bajo que he caído. Alegrarme por una mañana soleada con un sol que no calienta y por 15 grados que se sienten como 10, me da la pauta de que cada día estoy más alemana en lo referente al clima, o en otras palabras: me conformo con cualquier porquería. Eso sí, para todo lo demás son muy punteros, los más altos estándares por aquí, el orden y la puntualidad por allí, las calles sin huecos, la seguridad social, el Aldi, pero y el clima: un asco, vomitivo. Para llorar.

Admito que mi juicio es bastante duro. Y ¿qué se puede esperar de una persona que pasó de vivir en un país en el que el sol es tanto, que su sola presencia fastidia, a uno en el que su copia pirateada (léase cámara de bronceado) se vende por 4 euros los 11 minutos. Bien dicen que nadie aprecia lo que tiene hasta que lo pierde … o a más tardar hasta que uno se ve la cara tono transparente blancuzco con franjas percudidas en el espejo.

*¿Bikini con 15 grados? Uno nunca sabe, puede ser a lo máximo que lleguemos este año.

Sobre el escusado

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 2:24 pm on Viernes, Marzo 14, 2008

Si podría resumir las noticias de esta semana en tan sólo una palabra, creo que el castellano me quedaría corto y tendría que recurrir al alemán: wahnsinn…
Esta palabra, traducida literalmente significa: locura, pero su significado idiomático es algo más como: “¿Alguien me puede explicar de que me perdí? O el mundo está demente o soy yo el anormal”
Ayer circulaba por Internet una noticia verdaderamente increíble. Aparentemente una mujer se pasó dos años sentada en el inodoro de su novio. Él le abastecía con agua y comida. Ella permaneció allí “voluntariamente”, hasta que su novio “se dio cuenta” de que algo no andaba bien y decidió llamar a la policía. Todas sabemos que los hombres necesitan más tiempo para procesar cualquier información y que muy a menudo su cerebro apenas tiene la capacidad de un Intel 486, sobre todo en lo que a relaciones interpesonales se refiere: explícitamente a la relación de pareja. Puedo contarles por experiencia propia (y porque susodicho no entiende español) la infinidad de veces que he(mos) estado en crisis. Unilateral, se entiende. Ya que la contraparte nunca se enteró del agravio, hasta después de que la jueza (que en este caso era la misma que la acusadora) ya le había declarado inocente y le había absuelto de toda culpa. En fín, que se me había pasado el cabreo.

Otro acontecimiento que me convulcionó el estómago es la de las supuestas pruebas de que Correa tiene aparentemente una relación más estrecha con la guerrilla de la que todos creían. Según esto, la guerrilla habría ayudado a financiar su campaña electoral. También se reveló que (recalco aparentemente) se habrían producido 35 ataques a Colombia desde suelo ecuatoriano por parte de las FARC. Lo curioso del asunto es que la información fue encontrada en el portable de Reyes, que murió en el ataque realizado por el ejercito colombiano a un campamento de las FARC asentado en la selva ecuatoriana, en el que alevosamente invadieron territorio ecuatoriano, hecho por el que el (mismo) Correa se sintió muy ofendido. Lo que pasó después todos lo conocemos. Ahora la pregunta: ¿Por qué se molesta Correa cuando Colombia invade Ecuador? ¿Porque violaron la soberanía o por que mataron a su (ojo aparentemente) colaborador? Por otro lado los correistas se defienden: ¿Cómo es posible que el ordenador haya sobrevivido a la explosión? ¿Hay que creer en las investigaciones de los gringos? Leer la noticia

La noticia para quedarse con la boca abierta es la de la jóven argentina que denunció a sus padres adoptivos por robarla y cambiarle la identidad. Lo impactante no es que ella haya decidido denunciarles, sino el calbario que seguramente habrá tenido que sufrir ella a lo largo de toda su vida. Aquí la historia.

Para terminar la noticia divina. Michael Heller, un filósofo y matemático polaco ha recibido el premio ceintífico mejor dotado del mundo otorgado anualmente por la Fundación Templeton. Heller recibió el premio por probar ciéntificamente la existencia de Dios. Sus investigaciones no se centran tanto en probar que Dios existe, sino en suscitar dudas acerca de la realidad. Según Heller la ciencia “no es sino un esfuerzo colectivo de la mente humana para leer la mente de Dios desde las preguntas de las cuales nosotros y el mundo parecemos estar hechos”. Definitivamente una teoría bastante interesante.

De correazos y ubres…

Archivado en: bio, fanesca — mentilicia at 4:53 pm on Lunes, Marzo 10, 2008

Las dos peores cosas que le pueden pasar a uno cuando vive lejos de casa es que le llamen a la madrugada para darle una mala noticia (por cierto en orsai hay un muy buen post sobre este tema) y sentir que se está más perdido que camarón en locro en lo que a la actualidad del país se refiere.

Y los ecuatorianos exiliados no la tenemos fácil, sobre todo tratándose de política. En el país se cambia de presidente como quien cambia de calzoncillo. Acordarse ( o enterarse) de quién está al mando es toda una hazaña. En los últimos ocho años han habido 7 diferentes presidentes. Para tener un parámetro de comparación, en el mismo lapso, Francia ha tenido 2, Estados Unidos 2, e incluso Colombia ha tenido 2.

El lunes llegué al trabajo como todos los lunes por la mañana: despeinada, semi dormina y con ganas de sacarme la lotería para presentar mi renuncia y largarme a las Bahamas. Luego la rutina: me preparo un café, reviso mi email y leo el diario español EL PAIS para ver como va este mundo. ¡Y qué me encuentro! La noticia de la semana. El ejercito colombiano mata al número dos de las FARC. Pero antes invadió territorio ecuatoriano. Siento que la noticia me desconcierta un poco. Aunque sigo sin saber qué pensar.

Horas después. Entro nuevamente al periódico y me encuentro con otra noticia que decía esta vez que Ecuador considera la acción de Colombia como un hecho de guerra. Más tarde que Ecuador expulsa al embajador Colombiano del país, después que militariza la frontera y asi suscesivamente… Me empieza a invadir una sensación un poco extraña, más que angustia o preocupación es una especie de indignación. Primero por tener que enterarme de este tipo de noticias por terceros -y es que a quién le gusta que el vecino le cuente lo que pasa en casa- y segundo porque aún sigo sin saber qué pensar.

Por un lado entiendo que se tache de inadmitible el comportamiento por parte del ejercito colombiano al invadir “alevosamente” territorio ecuatoriano, por otro, y el campamento de las FARC en el que se mató a Reyes, ¿no estaba también en nuestro país? ¿Por qué no se le considera también como invasión? O es que estaban asentados allí con el permiso de alguién. ¿De quién?

Así que empiezo a leer todas las noticias que encuentro al respeto, envío emails solicitando información a mis corresponsales personales, los que me responden diligentemente proporcionándome no sólo información muy puntual acerca del conflicto, sino también propaganda subliminal del Socialismo del Siglo XXI, lo cual para nada me molesta, aunque preferiría continuar definiéndome como una persona apolítica (risas) (silencio). Y en eso me pasé toda la semana.

El viernes por la madrugada, regresando a casa, alcanzo a leer en las pantallas de las estaciones del metro, donde pasan noticias recientes, informaciones del tiempo, etc. que: “el presidente Correa se reconcilia con Uribe y América Látina puede dormir tranquila” y después se los ve dándose palmaditas de reconciliación. ¡Qué temperamentales que somos! Ayer se estaban declarando la guerra y hoy intercambian apretones de manos mientras el uno le promete “nunca más volver a entrar sin permiso”.

Yo por mi parte sigo nadando en mi sopa de papas (léase locro). Cuando acababa de entender un poco de qué iba el conflicto, ellos ya estaban hizando la bandera blanca. Cuánto les durará el amor, me pregunto.

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La famosa nacionalidad

Archivado en: bio — mentilicia at 5:09 pm on Miércoles, Marzo 5, 2008

También conocida como el cuento de nunca acabar.
La historia de la nacionalidad comienza cuando mi abuelo por parte materna decide abandonar Europa con rumbo a Ecuador y se reaviva el año en el que decido mudarme a Alemania.

La misión del abuelo -desde ahora en adelante Don F. - fue evitar a toda costa que el gobierno francés se entere de la existencia de su descendencia, esto para protegerlos, en caso de que estallara la tercera guerra mundial y que no tuvieran que servir a la Grande Nation, así como él lo hizo un día.
Tanto fue su afán que incluso prefirió hablarles en su pobre español y privarles de su lengua materna cortando de esta manera todo tipo de vínculo.

Sin embargo, lo que Don F. no sabía es que con esta medida no sólo activaría en algunos de sus descendentes el gen del quiero-lo-que-me-estás-prohibiendo, sino que sería el responsable directo de que la tramitación de la nacionalidad se convirtiera en un verdadero viacrucis y de que el gordo calvo que trabaja de portero en la embajada francesa se dé el gusto de ningunearme por no hablar francés.