Hay días en los que no necesitamos ver el calendario para saber que es una fecha especial. Hoy es uno de ellos. Me desperté sintiendo el agujero en el pecho (¿en el alma?) que deja alguien que se marchó y de quién nunca pudiste despedirte (personalmente). Hace 3 años y medio sonó mi teléfono trayéndome una noticia, que aparte de mala, desencadenaría una serie de eventos que convertirían mi vida (y la de todos mis parientes) en una tragicomedia. Y cómo no, si anunciaba la próxima muerte del pilar tácito de la familia. ![]()
“Tiene un tumor cerebral” es una frase de por sí devastadora. Pero puedo asegurarles que es peor cuando viene acompañada de 14 mil kilómetros de distancia y la disyuntiva de si dejar todo y tomar el primer avión para presenciar la desgracia en primera fila, para después de unos días tener que regresar a convivir sola con la aflicción. Sola. Íngrima.
Decidí no ir. Decisión, que durante todos los meses que duró su agonía, me cuestionaba su acierto y que hasta ahora no sé si estuvo bien o mal o más o menos. Pero no fui. Por miles de razones que prefiero no discutir. No recordar.
Desde la primera llamada hasta la muerte pasaron algunos meses y hubieron varios periodos de lucidez, tanto para ella como para mí. Ell 8 de agosto del mismo año yo estaba en Francia, en unas vacaciones forzadas. Estaba en el segundo piso de una casa vieja en la Vendeé. Miraba por la ventana la calle vacía cuando sonó mi teléfono. Era Miss Helen diciendo que mi abuela quería saludarme. En realidad quería despedirse, aprovechó su último momento de lucidez. Su “...tú sabes que te quiero más que a todos…” de esa última llamada conciente, sigue retumbando en mi cabeza y se encarga de echar a patadas a doña Desolación, cada vez que ésta intenta entrar en mi casa…
El 24 de noviembre de 2005 cansada de postergarlo a toda costa, y aprovechando mi destello de lucidez, me despedí de mi abuela. A través de una carta que le escribí y nunca le envié. Pero que sé que recibió.
Y hoy, en el día que sería su cumpleaños, he decidido desempolvar y poner un extracto de ella en el blog. Esperando que la intimidad que evoca no incomode al que haya pasado hoy a leer…
Jueves, 24 de Noviembre 2005. 4:00 am
Sra. Mercedes
Si me estas esperando abuela, ten en cuenta que es invierno
y el frío hace que todo vaya más lento.
Puede ser que no llegue.
Si me esperas abuela,
porque hay veces en que tengo la idea de que esperas,
entre otras cosas, a mí, el día o que te quieran,
no gastes tus fuerzas, mejor recuerda,
entre otras cosas, nuestras risas, nuestras anécdotas, nuestras peleas.
No nos pongamos melancólicas, te quiero y te quise y te quiero.
Y así consecutivamente, por siempre: te quiero en presente.
Si me estás esperando y mientras tanto recuentas los días, las horas,
te haces infinita
te haces invencible:
te vuelves Señora Mercedes.
Desde que tu cuerpo comenzó a desvanecer, me la he pasado ingeniándome dónde podría verte cuando finalmente decidieras partir.
Así que me fui a buscarte.
Empecé cocinando recetas a blanco y negro,
si me faltó algún ingrediente supe improvisar,
el buen gusto no lo hurté. Y tú sabes.
Estuve también en la costa francesa
te vi los ojos en el mar - no te sonrojes, no te entristezcas-
Si nunca estuviste ahí, quiero decirte que te equivocas y Tú sabes: el abuelo te construyó y
te heredó una pequeña.
Tu Francia fue una hacienda de veranos secos,
de inviernos secos
de un clima que no atina, que no acierta.
De casas viejas, de casas nuevas, de una monarquía sin sucesor:
porque sólo tú reinabas, reinaste, y reinas.
Y así consecutivamente, para siempre: reinas en presente.
Es curioso, sabes, pero tengo que contarte.
Aquel día en que enfermaste pasaste a ser abuela;
sin todos los diminutivos de cariño.
Porque mi cariño por ti pasaron de ser palabras, a ser el dolor que me causa tu agonía.
Tu cuerpo va muriendo poco a poco,
y poco a poco la distancia me duele a cada metro.
Si me estas esperando, ten en cuenta que no vale la pena, pues no puedo llegar más cerca de lo que estuve siempre.
No nos pongamos melancólicas, te quiero, te quise y te quiero.
Y así consecutivamente, por siempre. Te quiero en presente.
Tu cuerpo muere poco a poco pero tu amor se cristaliza…
No te niego que me duele. Y tú sabes…