Sin ser conscientes de ello, constantemente en nuestras vidas, estamos expuestos a sociabilizar con seres no identificados provenientes de otro círculo social , otro grupo de amigos, otra forma de pensar, otros mundos.
Extraterrestres.
Muchas veces, estos seres, a pesar de compartir, días, meses, décadas junto a nosotros, por ejemplo como colegas de oficina, compañeros de estudios, vecinos, etc, etc, nunca dejan de ser un huvni: humano volador (uno nunca sabe) no identificado. Pero muchos otros, consiguen calarse casi imperceptiblemente en nuestras vidas y pasan a formar parte de nosotros, influyen nuestros pensamientos, nuestra percepción, nuestros gustos, o simplemente están, de forma latente en algún área de nuestra vida.
Soy de las que al despertarme lo primero que hago es recapitular todos los sueños de la noche anterior. Nunca, creo, me he despertado sin saber qué he soñado. Incluso cuando tenía más o menos 14 años y atravesaba por la bizarra fase de la adolescencia, se me ocurrió empezar una bitácora de los sueños, en dónde relataba, sin puntos ni comas, ni relación alguna, los acontecimientos ocurridos en mi cabeza durante la noche anterior. Si mis 14 años hubieran tenido lugar en la era de la Web 2.0, dónde las bitácoras ya no son de papel y se llaman blogs, seguramente, mi recopilación de frustradas historias de amor suscitadas a la luz del foco del refrigerador hubieran sido sin duda un hit. Me hubieran dado el premio al mejor blog en la categoría peculiaridades oníricas y la fama incluso me hubiera alcanzado para que uno de los cientos de amores platónicos, protagonistas principales de la saga de historietas se entere de mi existencia.
Pero no fue así. Para lo único que me sirvió llevar el seudo diario es para darme cuenta que los sueños no sólo son (eran) una mala mezcla de guiones de Corín Tellado y una producción de Tim Burton, sino de que son el mejor radar de huvnis en mi vida. O mejor dicho de ex huvnis. Para mí, no hay mejor forma de saber que alguno de esos extraterrestres a pasado a formar- positiva o negativamente- parte de mi vida, cuando de repente una noche se hace presente en mi sueño. Por ejemplo, los primeros años que viví en Alemania, el escenario donde se desarrollaban mis historias nocturnas seguía siendo Quito. Los protagonistas, seguían siendo quiteñ@s y el idioma oficial del sueño seguia siendo español. Con el tiempo, se iban construyendo elementos de Múnich en mi Quito imaginario, los personajes empezaban a decir ubahn, en lugar de metro, y
así sucesivamente.
Ayer por la noche me fui a la hacienda de mi abuela, donde pasé la mayor parte de mi infancia. Llegué y todo estaba cambiado, había mucha gente y en la montaña estaban contruyendo un castillo. Inmenso. Los dueños son los Beckham y los constructores y albañiles (atención: a partir de aquí puede que la lectura resulte un poco excluyente y se torne aburrida) ex compañeros del colegio. Al mando el nico, con su casco amarillo, quien conspiraba junto con liseta cómo dividirse sólo entre los dos los 800 millones de Euros que les habían pagado por el castillo, mientras que otro compañeito, quien se había enterado del plan, trataba de casarse con la conspiradora para hacerse con el botín. Yo decidí volver a casa y mientras atravezaba un parqueadero me crucé con mi jefe metido en un cuerpo de luchador de sumo, quien por algún motivo desconocido trataba de atacarme. Yo, que al estirar mi mano me encontre con una botella vacía de cerveza, no supe hacer mejor cosa que estrellarla contra la pared, convirtiéndola en un arma cortopunzante. Intenté defenderme, pero mi arma no le hacía ni mella. Él, se acercó y pegando un salto casi olímpico ( y sorpendente si consideramos su peso) cayo encima mío convirtiéndome en una calcomanía sobre el pavimento…
Fue la primera vez que soñé con él.